LA MORADORA DE CORRIENTES
Tú, que respiras otoño
cuando yo estornudo primavera;
tú, que cambias en cada estación
como girándote para alejarte del encuentro;
tú, que habitas en Corrientes
y de corriente no hay nada en ti
sino alocadamente, voluble y sublime;
tú, soñadora de vocablos dulces
con los que arropas tu intimidad
y conquistas los corazones
allende los mares y los montes
con escorzos y requiebros;
tú, que te derramaste en las aulas
dictando lecciones y adobando ciencia;
tú, que te haces una bufanda con el Paraná
y te envuelves el brazo líquido al cuello;
tú, y tu abrazo acuoso y abundante
en la ciudad de Vera de las Siete Corrientes,
con sus siete puntas de tierra en avanzadilla,
¿podrías explicarme, por qué si moras
al otro lado del reflejo salado de plata
no estás cuando te busco detrás mi espejo
sabiendo como ya sabes que te busco?








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